miércoles, 10 de febrero de 2010

UNA REFLEXION, NECESARIAMENTE LARGA, SOBRE LA ENCRUCIJADA ESPAÑOLA

En la breve y cómoda pena de reclusion que Hitler cumplió en la prisión de Landsberg, a resultas de su intento de golpe de estado en Munich, dictó a Rudolf  Hess su libro "Mein Kampf". Fue vendido por millones, pero por lo visto nadie debió de leerlo (y nadie lo lee). Y afirmo esto porque, quien lo lee, a mitad del segundo parrafo de la primera página, encuentra la siguiente afirmación.

"Pueblos de la misma sangre corresponden a una patria común. Mientras el pueblo alemán no pueda reunir a sus hijos bajo un mismo Estado, carecerá de un derecho, moralmente justificado, para aspirar a una acción de política colonial. Sólo cuando el Reich abarcando la vida del último alemán no tenga ya la posibilidad de asegurar a éste la subsistencia, surgirá de la necesidad del propio pueblo, la justificación moral de adquirir posesión sobre tierras en el extranjero. El arado se convertirá entonces en espada y de las lágrimas de la guerra brotará para la posteridad el pan cotidiano".

Todo quien quiso darse cuenta de quién era Hitler y qué pretendía pudo hacerlo. Aún así, fue aupado al poder, nueve años despues de escribir estas palabras. Seis años más y habia cumplido su promesa. Sobre todo la de las lágrimas, porque lo del pan se quedó en el camino, y lo que al final resultó fue una masacre cruenta, horrorosa y perfectamente inutil. Cuando ya era evidente el descalabro del régimen, Hitler fió más si cabe a la mentira y a la propaganda. Y al miedo. Y a las ideaciones paranoicas y conspiratorias. Y al enemigo exterior (la famosa "puñalada por la espalda" de 1918, repetida una vez más). Al final, en un arranque muy suyo, afirmó que si el pueblo alemán no ganaba la guerra era porque el pueblo alemán no se merecía vivir, y se pegó un tiro. Un final entre wagneriano y "petit burgeois".

Sirva este prolongado introito para exponer algunas observaciones sobre politica nacional. Vaya por delante que no quiero poner a Zapatero y a Hitler a la misma altura. Dios me libre. Hitler era un criminal, y Zapatero no lo es. Sin embargo, creo que hay ciertas cuestiones en las que cabe hacer algunos paralelismos. Vivimos unos días, de un par de semanas a esta parte, en los que parecen estar cambiando las tornas en lo que a apoyo popular al gobierno respecta. Da la sensacion, a juzgar por los sondeos y por el runrun de la calle, de que a muchos españoles se les ha caido el velo (que por lo denso y tupido más parece tela de saco) que les impedia la visión de lo que a algunos nos ha resultado evidente desde el mismo día de la accesión de Zapatero al mando en el PSOE y posteriormente al Gobierno de la nación. Zapatero llegó pregonando un programa de ingeniería social, formulado mediante eslóganes de muy poco fuste intelectual, arropado por un grupo de incondicionales que ha ido radicalizandose progresivamente. Para sustentar semejante cosa, una nula formación en disciplina alguna. Ni idiomas, ni economía, ni mucho menos filosofía, historia o lógica. Es cierto que, merced a una incomprensible política de medios del PP, se encontró con uno de los mejores sistemas de megafonia que haya tenido político alguno. Sus más calabacescas mentecateces han sido difundidas hasta la saciedad, jaleadas por periodistas e histriones, por cantantes, cantantas y cantantuelos, actores, actoras y actorzuelos, por un grupo bien nutrido, en fin, de gentes poco adictas al trabajo y muy afectas a la subvención y el mangoneo BOE mediante.
La juerga ha sido cara, y la resaca, por supuesto, tenia que llegar. Cuando se acaba la última copa hay que irse a casa, y cuando te han dado garrafa, el amanecer es de los de caldo y quietud. Y lo que nos han dado en España no ha sido garrafa. Ha sido garrafonazo del peor. Un mal orujo en el que se han macerado muchas maldades, muchos resentimientos, muchos complejos y muchas, muchisimas mentiras.
Se ha faltado a la verdad, y se ha insultado gravísimamente al que ha intentado pregonarla. Acartonados popes de lo progre, como Gabilondo (el cura, no el ministro) ha salido todos vestiditos de oscuro a hacerle a Zapatero de monaguillos. Por supuesto, no hay tinglado, ni siquiera el de Hitler, que resista los tozudos y vigorosos embates de la realidad, y el de Zapatero no iba a ser menos. Aunque muchos españoles tenían la mosca detras de la oreja en las elecciones del 2008, una eficaz maquinaria de partido, unida a la endeblez irremisible de la oposición le permitió ganarse otros cuatro años en el poder. Pero la eficaz carcoma de la economía estaba haciendo ya su labor. Nadie medianamente inteligente podía ignorar graves indicios desde mediados de 2007. No han pasado tres años desde entonces, y se ha demostrado que todo lo que Zapatero prometió a los que quisieran creerle eran imposibles. La crisis existia cuando dijo que no habia que preocuparse, era grave cuando dijo que era leve, era gravisima cuando reconoció que era importante, ha duplicado el desempleo cuando había prometido el pleno empleo, ha afectado gravisimamente a la estabilidad del sistema de pensiones, cuando este ha sido uno de los venablos que ha dirigido siempre a la derecha, ha dañado el prestigio de España y la confianza en su economía, y no ha conseguido poner en practica ni una sola politica eficaz para cortar la hemorragia.
En lugar de ponerse a trabajar, cosa que ni les gusta, ni les interesa, ni saben como hacer, han iniciado una enloquecida huida hacia adelante. Las denuncias de conspiraciones internacionales para minar la economía española ha sido recibidas con regodeo en la prensa mundial. Huerfanos de objetivos ("horizontes", les llaman ahora los gilipollas), se preocupan tan solo de no caerse con todos los bártulos. Mendigan un poco de atención por Europa, y repiten alucinados las mentecateces que tan eficazmente les han sostenido durante años en España. Pero, como en los puertos de antaño, se ve ya como algunas ratas abandonan el barco, signo inequívoco de que éste está a punto de hundirse.
Se podría seguir. No hemos hablado de terrorismo, de aborto, de orden constitucional, de justicia, de educación. No hay petalo en la chuchurria flor nacional que estos pulgones de puño en alto no hayan dejado llena de agujeros. Tampoco hemos hablado de la oposición. No creo que en este caso se cumpla aquello de "Otros vendrán que bueno te harán". Es muy dificil hacer bueno a Zapatero, pero creer que Rajoy y su PP pueden remediar el desaguisado es tener fe. Vamos, creer lo que no se ve

3 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Magnífico cuadro el que has pintado sobre la CHURRERÍA nacional.

Entre lo que dices y lo que caulquiera que observe un poco, parece que hasta él se ha dado cuenta de que así se va al carajo, y no sabe qué hacer.

Lástima que no haya una personalidad medianamente inteligente y con coraje en la Oposición, porque éste es el momento de hundirlo del todo.

ZP está ahora mucho peor de lo que estaba Gonzalez en 1986, y con un Rato o un Cascos a ese mendrugo se lo merendaban en una tarde.

Así y todo, dudo de que dejen el Poder, y de que Rajoy sea capaz de ganarle en una nuevas elecciones.

Rubín de Cendoya dijo...

Muchísima razón; no hacen falta exageraciones para ver al rey desnudo.

Lo malo es que, como dice Ruíz Soroa refiriéndose a la posibilidad de que el gobierno vasco perdure por más de esta legislatura, hay escollos en el horizonte: y no es el menor la persistencia en España de una política gestual y excesiva, animada por unos medios necesitados de audiencia y protagonizada por unos políticos que han perdido definitivamente el sentido de la prudencia

Enhorabuena por otro artículo magnífico

CARTASMARRUECAS dijo...

Muchas gracias a ambos por el elogio. No se merece.

Saludos