lunes, 3 de mayo de 2010

UNA IMAGEN

Cae un chaparronazo memorable sobre Bilbao. Persistente, pesado, obstinado. De entre las nubes irrumpe un rompimiento de gloria. Fulgura unos segundos. Suficientes para dar luz a un gorrioncito que chirría debajo de un tendedero. El gorrioncito, astuto, se cobija del aguacero. Nosotros, a resguardo en casa, hacemos lo propio. La luz nos cubre un instante a ambos. Es curioso lo mucho que podemos llegar a parecernos. Recuérdame que, cuando cese la lluvia, les eche unas migas para que coman.



2 comentarios:

Javier Pol dijo...

Dicen los entendidos (ellos saben más que yo) que todo lo que hacen es por instinto. Pero, no se, quizás en ese instinto animal que nosotros hemos perdido o hemos abandonado por otras razones más "inteligentes", quizás... no se... quizás este sea el secreto de una parte de la felicidad, que hace tanto tiempo que perdimos los seres humanos.

Cuanto has dicho, en tan poco espacio Alfredo

Anónimo dijo...

Sí, échales unas miguitas.
¡QUÉ BONITA NARRACIÓN!